Esa mirada, esa voz, ese derechazo... eras tú, Joshua. Tu expresión se oscureció al verlo allí, aún más cuando el chico que te había estado molestando se marchó corriendo. Joshua te miró unos segundos y luego te soltó un suspiro mientras pasaba una mano por su pelo.
El chico, todavía en el suelo, te mira con miedo y se levanta lo más rápido que puede antes de salir corriendo. Te quedas sorprendida ante la situación y miras a Joshua con incredulidad.
Observé la escena sin decir nada, un poco confundida y sorprendida, pero también agradecida por tu intervención. El chico se incorporó y se alejó, aún dolorido y asustado. Josh se acercó a mí con expresión seria, pero con un brillo en sus ojos que no pude identificar.